Que el Gobierno de Pedro Sánchez ha entregado las llaves de Indra a la antigua Mecanizados Escribano ha pasado de ser un secreto a voces a tener carta de naturaleza oficial. De algo imposible a una certeza. ¿Puede una pyme hasta hace dos días hacerse con el control de una empresa del Ibex 35 y contratista público de referencia? Puede, sobre todo, si el Estado está detrás. Las conversaciones de cara a una fusión o integración pueden elevar el peso accionarial de la ‘startup’ familiar desde el 14% a cerca del 30% del capital, nivel similar al que tiene el Gobierno ahora a través de la SEPI, según auguran fuentes financieras consultadas por Business Insider.
La hipótesis de operación que adelantó el jueves el diario Expansión, y ha confirmado este viernes Indra a la CNMV, sitúa al consejero delegado José Vicente de los Mozos como promotor de la unión entre Indra y Escribano Mechanical & Engineering (EME), entre otras cosas, porque de lo contrario hubiese sido una negociación entre hermanos y socios al 50% (Ángel y Javier Escribano) para tasar sus propias acciones y pagarlas con el dinero de una multinacional cotizada en bolsa.
De momento, Indra se ha limitado a señalar que está en fase de «análisis de distintas oportunidades con actores relevantes del sector de la Defensa que den valor añadido a la compañía», según su declaración oficial a la CNMV. El grupo tiene varios frentes abiertos. Se encuentra en proceso de integrar a Hispasat, la empresa de satélites que compró a Redeia a finales de enero. También avanza hacia la creación de una filial propia de blindados y está en proceso de encontrar un comprador para Minsait, la filial digital y pagos del grupo. Además, Indra debe resolver cómo financia la adquisición de una mayor participación en ITP Aereo, que sigue en manos del fondo americano Bain.
Contra el criterio de buena parte de los analistas, Indra asegura que está «cumpliendo las buenas prácticas de gobierno corporativo» con el planteamiento de la adquisición de Escribano (EME), la empresa de su segundo mayor accionista y de su presidente. La compañía encargó al despacho de abogados Gómez Acebo & Pombo un informe para dar cobertura jurídica a la entrada de los Escribano en el consejo de administración, o su nombramiento como presidente, en el que se justifica que «no hay conflicto de interés» y que los citados consejeros «no se encontrarían en una situación de conflicto permanente». Hay quien cree lo contrario.
Surfeando la ola del gasto masivo en Defensa
Es el propio mercado y la meteórica evolución de Escribano quienes ponen un precio que se sitúa entre los 1.500 y 2.000 millones de euros, según fuentes financieras, tomando como referencia múltiplos actuales de valores que se pagan hoy el sector de 13 a 16 veces Ebitda, como señala en un informe Bank of America. Se trata de cifras que multiplicarían por 15 y hasta por 20 el importe de la compraventa de acciones interna que registró ante notario la propia Escribano en 2022. Entonces, el grupo español recompró el 32% del capital en manos del fondo soberano de Omán desde 2016 por apenas 34 millones de euros y con una valoración de 106.
El escenario es radicalmente distinto ahora. El boom sin precedentes en gasto en Defensa y en el área militar que está registrando Europa desde la guerra de Ucrania y al que se ha sumado ahora España. Grupo Escribano ha cuadruplicado sus ingresos desde que dio salida a los omaníes, de 91 millones de euros en 2022 a 355 millones al cierre de 2024. Su Ebitda (resultado bruto antes de intereses, depreciaciones o amortizaciones) alcanzó los 127 millones, según desveló la compañía a principios de abril en un foro de Expansión.
De hecho, las previsiones del grupo no dejaron indiferente a nadie. Javier Escribano, actual primer ejecutivo de la firma familiar, pronosticó una cifra de negocio de 1.300 millones de euros en 2030 y un Ebitda de 400 millones, unos números que le situarían como una de las principales cotizadas de la bolsa española con un tamaño mayor a la actual Indra. Su número de empleados se ha multiplicado de apenas 100 antes de la pandemia a superar los 1.000 este año. La firma prevé alcanzar los 3.000 como parte de los nuevos programas de defensa que busca impulsar el Gobierno.
El día que todo cambió para Escribano
Escribano era hasta la pandemia una de las pymes de referencia del sector de defensa en España, con sólido prestigio gracias a su trabajo de alta tecnología como proveedor de referencia del fabricante de misiles Raytheon, del consorcio paneuropeo Airbus o de la propia Indra. Punteros en talento e ingeniería hasta el punto de ser partner de una de las grandes firmas de armas de EEUU. Sin embargo, su tamaño y actividad era reducida como se deduce de la evolución de sus resultados empresariales (ver tabla). Hace cinco años, todo cambió.
El gran factor de aceleración de Escribano poco tiene que ver con el área de defensa, pero sí en sus capacidades de adaptación y para resolver problemas. Se produjo durante la pandemia, cuando el contratista militar se adjudicó un contrato de 21 millones de euros junto a Hersill para la fabricación de respiradores en Madrid. El 3 de abril de 2020, tras dos semanas de reclusión y estado de alarma, los hermanos Escribano asistieron al acto de presentación de una pequeña línea de producción junto al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y al ministro de Sanidad, Salvador Illa. La inauguración dio pie a una conexión en directo del Telediario 2 de RTVE con Javier Escribano para explicarlo.
La estrecha relación y confianza que se fraguó en aquel encuentro en plena crisis por el Covid-19 explica el cheque en blanco que ha habido en Moncloa con Escribano, hasta el punto de darles la presidencia de Indra, un acceso preferente al accionariado de la compañía y ahora incluso plantearles la compra de la empresa familiar vía fusión. En mayo de 2020, Escribano se incorporó como socio al 25% en el consorcio Tess Defence que fabrica los blindados 8×8 para el Ejercito, junto a Indra, SAPA o General Dynamics (Santa Bárbara) en un movimiento que provocó sorpresa en el sector, pero que dio muestras del respaldo gubernamental hacia la empresa.
Compra a crédito en Indra y Prisa con JP Morgan
Más allá de la participación en contratos militares, que es lo que se dedica, el gran motor de las cuentas de Escribano ha sido su participación en varias operaciones en bolsa que no están accesibles a cualquier inversor. Una de las más extraña fue la compra de acciones de Grupo Prisa, editor de El País, donde también comparte accionariado con otro socio de Indra: Amber Capital, el fondo de Joseph Oughourlian. En marzo de 2024, Escribano registró un traspaso de acciones del grupo de comunicación a una nueva filial (EMEI) con amplias plusvalías.
Pero el verdadero salto mediático de Escribano se produjo con su entrada en el capital de Indra. La compañía madrileña logró contratar los servicios del gigante JPMorgan para hacerlo como solo pueden los grandes clientes VIP: con poco capital, deuda y un esquema de riesgo controlado. En mayo de 2023 anunció la compra de un primer paquete del 3% del capital, que luego elevó al 8% y finalmente le ha llevado hasta casi el 15% de la mano del bróker estadounidense. Este declara a la CNMV el control de ese porcentaje de Indra tras el mandato que recibieron de los Escribano.
A la vez, JPMorgan está financiando a Escribano en esa operación con préstamos que se acercan a los 100 millones de euros, que han llevado a la compañía española a pignorar para garantizarlos buena parte de las acciones que posee en Indra. Solo en 2023 abrió una línea de crédito de 30 millones para que Escribano iniciase su progresivo aterrizaje en la multinacional. Su participación actual del 14% está valorada en casi 700 millones de euros, aunque cerca de la mitad son plusvalías en este momento. El resto de grandes accionistas que están en Indra también acarrean cuantiosas plusvalías latentes, como publicó Business Insider el mes pasado.













