Estos dos hermanos urbanitas emprendieron en el campo y hoy triunfan con el fruto de sus abejas

Parece que no es estrictamente necesario haber nacido en el medio rural para emprender en él. Óscar y Samuel Gato Martín son dos hermanos que crecieron en Valladolid, pero pasaban los veranos en Tiedra, un pequeño municipio vallisoletano de apenas 300 habitantes. Con los años, ese vínculo familiar y emocional se convirtió en el escenario elegido para poner en marcha su propio proyecto: Miel 79.

Se trata de una empresa familiar dedicada a la apicultura, el envasado y comercialización de miel cruda, hidromiel, cosmética apícola y, más recientemente, al apiturismo.  “Es el ejemplo claro de que aquí hay oportunidades, de que aquí se puede vivir”, afirma Óscar Gato. “Nosotros siempre habíamos sido de ciudad, pero vinimos aquí a montar el negocio”.

La marca Miel 79 debe su nombre al número atómico del oro en la tabla periódica. “Decíamos que ya era oro líquido la miel que hacía nuestro padre cuando tenía esto sólo como una afición”, contó a este diario el emprendedor vallisoletano. “Y haciendo un juego de palabras, como ambos habíamos estudiado ingenierías, nos gustó la metáfora conceptual del setenta y nueve”.

Montaron el negocio con mucha ilusión, pero «no con pocas inseguridades»

Cuando fundaron la empresa, en diciembre de 2018, tenían 24 y 26 años. Unos meses después, ya en la primavera de 2019, colocaron sus primeras colmenas. “Los primeros recuerdos son los de incertidumbre, con la pandemia que se nos echó encima. El tener que hacer frente a un plan; porque para montar una empresa siempre se necesita un plan de negocio”, recordó Óscar. “Como era la primera vez que lo hacíamos, surgían muchas dudas: cómo dimensionar la empresa, qué canales de venta priorizar…. Mucha ilusión, sí, pero también mucha inseguridad”.

Aun así, fueron ambiciosos desde el inicio. “Nos veíamos a diez años vista y no quisimos hacer una instalación que se nos quedara pequeña. Hicimos una inversión muy fuerte y ejecutamos un proyecto ambicioso”, explicó. Hoy, cuentan con cerca de 1.500 colmenas, que producen 25 kilos al año cada una, lo que les proporciona un total de más de 32.000 kilos anuales. “El año pasado facturamos 280.000 euros, cuando el anterior habíamos hecho 180.000. Es decir, incrementamos el volumen de negocio 100.000 euros en un año”.

Pero la parte productiva no ha sido la única que ha evolucionado. Miel 79 ha diversificado su oferta gracias a las oportunidades que han ido surgiendo sobre la marcha. “Estabas en una feria y los clientes te preguntaban por cosmética apícola y la acabamos desarrollando”, resumió Óscar. “La gente preguntaba si podían visitar la instalación, porque les parecía algo digno de ver, y abrimos una línea de apiturismo. El propio camino nos ha ido abriendo más puertas”.

Uno de sus productos más valorados: la miel de lavanda

La miel de lavanda es especial por la propia planta en sí. “Antes de que nosotros fundáramos la empresa, los apicultores de nuestro pueblo ya ganaban premios con la miel de lavanda. Desde que la producimos nosotros, ha pasado lo mismo”, afirmó este emprendedor. “Siempre decimos que lo mejor para una miel de calidad es que el hombre intervenga lo menos posible. Llevamos las colmenas vacías a los campos de lavanda, cosechamos en cuanto acaba la floración y extraemos con medios mecánicos. De modo que nuestra intervención es mínima”.

En paralelo, desarrollaron la vertiente de divulgación y turismo, con un espacio al que llamaron La Caseta de la Miel. La idea surgió de manera casi improvisada, a raíz de la curiosidad de amigos y vecinos por conocer el proceso. El punto de inflexión llegó un verano. “Tiedra es un pueblo muy pequeño, pero en época estival crece mucho, como tantos otros pueblos. Un día, todos los padres que estaban en la piscina con sus hijos decidieron venir a visitarnos”, recuerda.

“Era la primera vez que recibíamos un grupo tan grande. Estábamos asustados, pero salió bien”. Lo cierto es que les encantó. Se hicieron muchas preguntas técnicas, los niños lo disfrutaron enormemente de la experiencia. “Vimos el potencial y nos animamos a construir un centro de interpretación de verdad”.

Ese centro ha recibido ya premios por su propuesta turística, como también lo ha hecho la miel que producen. El último reconocimiento llegó de la mano del Premio EmprendES 2025, que otorgan la Fundación Carlos Moro de Matarromera y la Federación de Asociaciones de Trabajadores Autónomos (ATA). “Hemos ganado premios a nuestras mieles, a nuestro producto turístico, pero este galardón es un reconocimiento general a nuestro emprendimiento”, señaló Óscar. “Y reconoce todo el esfuerzo, el sacrificio, el trabajo que hay detrás de esto”. Y aseguró que no sólo el de su hermano y suyo, sino también de sus padres, de su abuela, “y de amigos que han acudido siempre a echar una mano”.

Estos autónomos esperan alcanzar el millón de euros de facturación antes de acabar la década

Esta empresa emergente ha empezado a introducir parte de su producción en ecológico, aunque el proceso ha sido complejo. “Nuestro manejo es prácticamente natural al cien por cien, pero no estábamos certificados porque te exigen que, cuando asientas un colmenar, tres kilómetros a la redonda sea todo ecológico; lo cual es casi imposible en nuestra zona”, explicó. “Sin embargo, hemos conseguido que no se tengan en cuenta los cultivos no melíferos, como el cereal, porque la abeja no va a ellos. Ya hemos certificado parte de la explotación”.

Más allá del producto, en Miel 79 hay una apuesta por la comunicación y el valor de lo artesanal. “Creo que en el mundo de la miel no se había llevado a cabo la labor de comunicación que sí se ha hecho en otros sectores, como el vino o el queso”, reflexionó Óscar Gato. “En todo este camino, queremos que la gente sepa de dónde sale el producto, por qué crecemos y cómo lo hacemos. Hay mucha maquinaria detrás, sí, pero el proceso sigue siendo el mismo. Nuestra miel tiene igual o más calidad que la que hacía mi padre cuando era sólo una afición”.

Y aunque su progenitor nunca formó parte formal del negocio, su presencia ha sido constante desde el inicio. “Está todo el día aquí con nosotros. Y alguna ve, hasta le hemos hecho trabajar un poco”, bromeó. “Cuando recibimos el premio, fue todo un orgullo ver a mi padre, a mi madre y a mi abuela allí. Para nosotros, eso era lo más grande”.

El crecimiento ha sido continuo, pero también exigente. “Los primeros años cuesta mucho salir adelante, cuando tienes unas letras tan altas. Pero ahora estamos en un punto de inflexión: tenemos el conocimiento, los canales de venta, el posicionamiento de marca… Estamos preparados para crecer muy rápido”.

Y si bien se plantean alcanzar el millón de euros de facturación antes de acabar la década, hay algo que no están dispuestos a perder. “Lo que nos ha hecho llegar hasta aquí es ofrecer un producto artesano de excelente calidad; que se sepa que hay dos hermanos detrás de la marca”, concluyó Óscar Gato.

Jaime Rodríguez

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