Estos emprendedores hacen viviendas en 24 horas a bajo coste imprimiéndolas en 3D

Diego de la Torre siempre ha estado vinculado al mundo de la innovación y el emprendimiento, y tenía como afición, durante y tras a la reciente pandemia de coronavirus, el modelado y armado de prótesis empleando para ello la impresión 3D. Pero algo que comenzó como una afición se convirtió pronto en una idea de negocio, al asistir a un curso intensivo sobre este proceso de creación de objetos mediante el depósito de capas de material, unas sobre otras, aplicado en concreto a la construcción. “Lo que me ayudó a venir a España con una idea mucho más definida”, recordó este joven emprendedor.

Ahora, junto a sus dos amigos y recientes socios, Elionore Cruz y Álvaro Valarezo, está colocando los cimientos –nunca mejor dicho, tratándose de una startup del mundo de la construcción– del proyecto empresarial Wasi 3D, que busca ofrecer una solución sostenible al problema global de la vivienda mediante la construcción de casas asequibles impresas en 3D. Y con importantes ahorros de tiempo, respecto a los métodos tradicionales: construcciones de 80 o 90 metros cuadrados, no en días, sino en 22 horas (la estructura: muros, columnas, vigas…).

De hecho, el nombre de este negocio emergente significa precisamente vivienda, y proviene del quechua, una lengua indígena originaria de la zona occidental de América del Sur, a través de varios países, especialmente en la cordillera de los Andes.​ “Elionore y yo somos peruanos, y Álvaro, ecuatoriano, y nuestra idea es no sólo la de facilitar el que la construcción de viviendas esté de verdad al alcance de más personas, reduciendo entre un 20% y un 25% su coste y disminuyendo además en un tercio el tiempo de la edificación, sino mejorar también un factor fundamental en estos tiempos de crisis medioambiental: emitimos un 60% menos de CO2 a la atmósfera”, relató Diego de la Torre.

Las construcciones con impresión 3D presentan la misma estructura que las tradicionales

La resistencia de las viviendas es una barrera importante. El tema normativo. “En una etapa inicial apuntamos hacia prototipos de elementos de construcción más sencillas, por así decir, como puede ser las fachadas. Pero ya existen viviendas construidas y certificadas, que normalmente utilizan una mezcla de cemento con barro. Nosotros estamos con pruebas de resistencia de materiales, de tensión superficial, etcétera, para validar que cumple con todos los permisos”.

Porque, para quien lo desconozca, las impresoras 3D de construcción son iguales al resto: se pone en una tolva de carga de material, que bombea esta hasta el cabezal, una especie de extrusor. Este se mueve en tres conforme a las instrucciones recibidas y va depositando el material capa a capa. “La complicación reside en que ha de ir secándose lo suficientemente rápido como para poder admitir una capa superior, pero al mismo tiempo no muy deprisa para que no se quede atorado en las bombas o en las mangueras”. Que el material se comporte lo más homogéneamente posible es lo que estos tres emprendedores intentan mejorar en esta primera etapa, para poder estandarizar todo el proceso.

Ahora, andan a la búsqueda –que no parece desesperada, habida cuenta del interés que la idea ha suscitado ya entre no pocos negocios vinculados al mundo de la construcción– de una inyección de 600.000 euros, que les permitirían cubrir los costes de maquinaria, materiales y mano de obra. “Y para crear un laboratorio de investigación que nos permita entender como interactúa el material con todo el equipo; su interacción con el software y el hardware. Porque hay muchos factores a tener en cuenta: la humedad del ambiente, si llueve o no llueve, el tipo de piso, la composición de la tierra local a usar… Es una primera etapa muy de prueba y error”.

La impresión 3D da mayor libertad a la hora de crear diseños, y permite mejorar la resistencia y el aislamiento térmico

La impresión 3D da mucha libertad a la hora de producir diseños, explicó este emprendedor, y no sólo construir en formas cuadradas, como se ha hecho tradicionalmente. “Puedes crear una fachada de tal manera que, además de emplear un buen aislante térmico, la construyas con elementos que aguanten mejor los sismos o el viento, por ejemplo, haciendo domos. Se abre todo un mundo de posibilidades en el tema del diseño”.

En cuanto al plan de negocio, de momento, y para la búsqueda de inversores, efectúan proyecciones de cinco años, en las que el punto de equilibrio está alrededor del segundo. “De momento, es una empresa intensiva en capital: hay que comprar grúas, impresoras, bombas… toda la maquinaria necesaria para convertirnos en subcontratistas de obra gris, sin acabados”.

Las ganancias obedecerán a la posibilidad de escalar proyectos. “Para el segundo año queremos proyectar ya unas 50 ó 60 unidades, pero dependerá de las grúas que tengamos. Digamos que nuestra limitación viene dada por la capacidad de instalarlas, porque la relación es la siguiente: movilizar una grúa nos supone 50 construcciones”, concluyó Diego de la Torre. Sea como fuere, los tres socios se alegran de apostar por España, pues aseguran que la tecnología está muy adelantada aquí, “especialmente en Barcelona donde está el Instituto Avanzado de Arquitectura de Cataluña, y podemos estudiar los avances de empresas competidoras que han hecho proyectos con anterioridad, y que nos han servido para adaptar nuestro plan de negocio”.

Esta empresa emergente ha ganado el Babson Challenge entre 800 proyectos de 21 países

Los tres socios coincidieron estudiando diversos máster en la escuela de negocios barcelonesa EAE, perteneciente a Planeta Formación y Universidades. “De marketing digital, de innovación… Estamos a escasas fechas para graduarnos, a un paso de poder dedicarle a nuestra propia empresa el cien por cien de nuestro tiempo y nuestro esfuerzo profesional, y de comenzar en España un proyecto de vida que nos puede llevar muy lejos, pues la crisis de la vivienda es un asunto universal”.

Les avala el haber ganado el Babson Challenge, una competición que organiza esta prestigiosa institución, referente internacional en emprendimiento, y que congrega startups de universidades y escuelas de negocio de todo el mundo. “Ganar entre cerca de 3.000 estudiantes como nosotros, y frente a 800 proyectos de 21 países, es todo un orgullo. Pero además, significa contar con un sello de calidad que nos ayudará a atraer inversores y un gran empujón para hacer realidad el sueño de emprender, por el que lo dejamos todo”, confesó el cofundador de Wasi 3D. “Desde el principio, el Babson College nos brindó acceso a múltiples expertos, a un feedback detallado sobre nuestro modelo de negocio, y no sólo de la casa, sino de asesores externos que nos retaron a seguir indagando en nuestra propuesta de valor”.

Esta, el verdadero valor añadido de Wasi 3D, es la pasta, el material con el que no es que se propongan construir, sino que están construyendo ya. “Una mezcla propia, que es nuestra gran ventaja competitiva con otras empresas de impresión 3D. Nos centramos en un material lo más ecológico posible, a base de tierra con biopolímeros y composiciones de cáscara de arroz, clara de huevo y fibras naturales. La idea es poder construir con el barro local del lugar, agregando nuestros adictivos, y poder utilizar el mismo material in situ, para ocasionar menos impacto a la hora de construir, e incluso, si se tratara de una estructura temporal, que llegue a tener impacto cero”.

Jaime Rodríguez

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